En la actual etapa
democrática el sector de las Artes Escénicas, gracias al apoyo de las
Administraciones Públicas, ha podido desarrollar una oferta de calidad,
diversificada y accesible. Las políticas de oferta han activado rápidamente la
demanda latente y nos han mostrado unas estadísticas de espectadores que han
ido creciendo de forma sostenida hasta el año 2008 pero han captado públicos
reactivos e inestables debido a que no han ido acompañadas de políticas de
desarrollo estructural de la demanda. El sector, en el actual contexto
económico, tiene dos retos básicos: salvar la oferta -en el corto plazo- y
reforzar la demanda -en el medio plazo-. En este nuevo escenario los públicos
pasan a ser el principal factor de sostenibilidad del sistema escénico.
Las políticas de creación
de demanda se pueden desarrollar a través de varias estrategias: inducción de
primeras experiencias escénicas a públicos con demanda inexistente a través de
impactos promocionales; creación de valor de contexto a través de los medios de
comunicación social; y, sobretodo, incorporación de las prácticas escénicas en
el sistema personal de valores y hábitos de vida a través de la educación.