5 de març de 2012

Teatros públicos, privados y concertados

Hace unos días Adetca presentó su informe estadístico del 2011. A pesar de la crisis persistente de consumo, el total de espectadores de los teatros de Barcelona (públicos y privados) experimentó un incremento del 8% sobre el año anterior. Entre los años 2008 y 2011 se ha registrado la siguiente secuencia de totales: 2,6 millones (2008); 2,7 millones (2009); 2,7 millones (2010) y 2,8 millones (2011). La recaudación de taquilla del 2011 también superó la del 2010, pero fue algo inferior a las del 2008 y 2009. Esto significa que la demanda está estabilizada y que la ratio de espectadores por habitante ha sido de 1,73 durante el último año con un gasto medio anual por habitante de 40,30 euros.
El Anuario SGAE 2011 nos ofrece ratios muy distintas para el conjunto del Estado durante el año 2010 (el último publicado): 0,36 espectadores por habitante y un gasto medio de 5,38 euros.


A simple vista parece que los habitantes de Barcelona van mucho más al teatro que el resto de los ciudadanos españoles, pero todos sabemos que Madrid y Barcelona atraen a espectadores de su entorno por varios motivos, entre otros, la gran concentración de oferta en cantidad, diversidad y novedad. Se estima que las programaciones de proximidad de un área geográfica de 50 km alrededor de Barcelona sólo retienen el 20% del consumo escénico y que el 80% se realiza en la ciudad condal. Si consideramos que un 70% de la población de la CCAA va a ver teatro a Barcelona (el triple de los que viven allí), la ratio sería de 0,57, acercándose mucho a la media estatal que la SGAE aporta. Considero que podemos establecer la media redondeada de 0,50 espectadores por habitante como base de cálculo proyectivo.
Este índice nos podría servir para planificar la oferta escénica de proximidad sostenible en España. Podemos contar también con algunos datos más del 2011 aportados por Adetca: una media de 213 representaciones anuales por sala y de 230,9 espectadores por representación.
A partir de estos datos podemos construir una hipótesis de trabajo que nos sirva de base de reflexión: si establecemos que el standard de un teatro de proximidad es de 400 localidades y tiene capacidad para programar 150 representaciones cada año (3 por semana) con una ocupación media del 60% y un índice de consumo del 0,50 espectadores por habitante, para una población de 48 millones de ciudadanos se necesitan 666 teatros. La cifra resulta curiosa, algo diabólica. Pero, más allá, de su valor simbólico, nos dice que un teatro de proximidad de 400 localidades puede cubrir la demanda de un área geográfica de 72.000 personas.
Esta simple proyección numérica nos dibuja un marco de planificación para saber qué infraestructuras escénicas son sostenibles, cuáles deben pasar a formar parte de ofertas integradas, y dónde hay un déficit infraestructural. Aplicando esta lógica, los municipios con espacios escénicos y poblaciones por debajo de los 72.000 habitantes deberían agregar sus programaciones para hacer una oferta integrada sostenible.
Detrás de estas cifras basadas en la frialdad de los números está la invitación a planificar racionalmente la oferta escénica pública de proximidad.  Hasta ahora nos hemos basado en la iniciativa espontánea de los gobiernos locales, y esto ha permitido tener un universo de infraestructuras escénicas de notable calidad y con una aceptable distribución territorial. Pero la sobreoferta de infraestructuras y la reducida capacidad de sus titulares de financiar los déficits de explotación con recursos públicos, nos lleva a la necesidad de diseñar una red pública de teatros de proximidad con criterios de sostenibilidad. En paralelo deben existir los teatros privados que se concentran en las grandes ciudades, y los teatros nacionales o autonómicos que responden a otras lógicas.
La red pública estará formada, en primera instancia, por teatros de titularidad pública gestionados de manera directa o indirecta (a través de operadores privados). Pero también pueden formar parte de ella teatros concertados. Aprovecho la ocasión para abrir la reflexión sobre la conveniencia de abrir una línea de teatros de iniciativa privada y voluntad de servicio a la comunidad que se incorporen a la red pública como teatros concertados, de una forma parecida a como se incorporaron en el sistema educativo la escuelas concertadas. Estas escuelas son de titularidad privada, forman parte de la oferta pública de plazas escolares y comparten el mismo procedimiento y criterios de acceso que las escuelas públicas. En sus órganos de gobierno hay representantes de las administraciones locales. Es cierto que las escuelas concertadas no están exentas de polémica, sobre todo por su instrumentación por parte de los poderes económicos o religiosos, pro nadie niega la validez del modelo.
En el sector de las artes escénicas nos podemos plantear la creación de esta figura jurídica para valorar sus potenciales beneficios e inconvenientes. Esta figura permitiría consolidar la trayectoria de teatros de iniciativa privada arraigados en el territorio con voluntad de servicio a la comunidad. Como teatros del sistema público deberían contar con ayudas estructurales más sólidas y estables que las que se obtienen en el actual sistema de subvenciones.
Creo que el diseño técnico de una red pública de teatros de proximidad, públicos y concertados, con criterios de sostenibilidad nos permitiría abrir el debate para valorar si es un buen camino para consolidar una oferta escénica estable y de calidad, evitando la incertidumbre del momento actual. 

Jaume Colomer

Publicado en Artez 
www.artezblai.com 

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