26 de gener de 2019

Zygmunt Bauman: la cultura como bien de consumo.

Este texto quiere invitar a reflexionar sobre nuestras prácticas teatrales y sobre los públicos que participan en ellas a partir de las aportaciones de Zygmunt Bauman[1] con relación a la cultura en la era del consumo.
Bauman escribió hace unos años[2] que un equipo de investigadores dirigidos por el reconocido sociólogo de Oxford John Goldshorpe llegó a la conclusión de que ya no es posible diferenciar fácilmente a la élite cultural de otros niveles más bajos en la jerarquía mediante la asistencia regular a prácticas de alta cultura y el menosprecio a los que asisten a prácticas de cultura popular.
De acuerdo con las tesis de Richard A. Peterson[3] , a las clases dominantes hoy se las puede considerar omnívoras culturales porque “en su repertorio de consumo cultural hay espacio para la ópera y también para el heavy metaly el punk, para el ‘arte elevado’ y también para la televisión comercial, para Samuel Beckett y también para Terry Patchett”. Según Peterson, se observa un deslizamiento en los grupos de élite hacia la intelectualidad omnívora que consume un amplio espectro de formas populares y de alta cultura. 
Hace unas décadas, Pierre Bourdieu[4] argumentó que cada práctica cultural estaba dirigida a una determinada clase social como factor de distinción y pertenencia. En la Ilustración la cultura ha sido considerada un instrumento para la construcción del Estado moderno y las políticas de democratización cultural han buscado, según Bauman, “salvar al salvaje de su barbarie” haciendo una “función homeostática” para mantener el equilibrio social. 
La pérdida de posición de la cultura fue el resultado, según el sociólogo, de procesos que estaban transformando la modernidad llevándola de su fase “sólida” a su fase “líquida” (también llamada postmodernidad). Por este motivo “la cultura puede ahora concentrarse en la satisfacción y la solución de necesidades individuales ocupándose de ofrecer tentaciones y establecer atracciones, con seducción y señuelos en lugar de reglamentos, produciendo, sembrando y plantando nuevos deseos y necesidades”. La cultura es, ahora, un depósito de bienes “en competencia por la atención fugaz y distraída de potenciales clientes” que tienen una gran flexibilidad en sus preferencias porque son “omnívoros que se sienten en casa en cualquier entorno cultural”. En nuestra sociedad un juego ininterrumpido de conexiones y desconexiones reemplaza a la fidelidad y pertenencia. Bauman considera que “la cultura de la modernidad ya no tiene un ‘populacho’ que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir”.
Adolfo Vásquez Rocca[5] considera que la metáfora de la modernidad líquida de Zygmunt Bauman intenta también dar cuenta de la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista y privatizada, marcada por el carácter transitorio y volátil de sus relaciones, con miedo a establecer relaciones duraderas y con lazos solidarios que se miden en términos de costo y beneficio.
Aunque no compartamos plenamente las tesis de Bauman nos ayudan a reflexionar sobre nuestra actividad teatral.¿Qué buscan en nuestras programaciones los espectadores? ¿Debemos programar sólo espectáculos de excelencia? ¿Quién debe escoger los espectáculos? ¿Cómo debemos relacionarnos con los espectadores? ¿Qué vínculos y compromisos están dispuestos a establecer con los gestores de los proyectos escénicos? ¿Cuál es nuestro papel como gestores culturales? ¿Cuál es, en un contexto de modernidad líquida, el papel del Estado en el desarrollo de prácticas teatrales? ¿El teatro es sólo un bien de consumo para satisfacción de necesidades individuales? ¿El teatro ha perdido su valor público?

Jaume Colomer
17.04.2018


[1]Zygmund Bauman (1925-2017) sociólogo polonés. Su ámbito de investigación ha sido la modernidad y postmodernidad.
[2]Bauman, Z. (2013) La cultura en el mundo de la modernidad líquida. http://ssociologos.com/2013/10/01/zygmunt-bauman-la-cultura-en-la-era-del-consumo/. Traducción de Lilia Mosconi. FCE.
[3]Peterson, R.A. sociólogo, profesor de la Vanderbilt University, creador del concepto de “omnivorismo cultural” que argumentó en (2005) Problems in Comparative Research: The Example of Omnivorousness”. Poetics.
[4]Bourdieu, P. (1988) La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Madrid: Taurus. (original del 1979).

[5]Adolfo Vásquez Rocca,Doctor en Filosofía, Universidad Complutense de Madrid. (2008) Zygmund Bauman: Modernidad líquida y fragilidad humana. Nómadas. Revista crítica de ciencias sociales.

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