El sector de las artes escénicas se ha transformado profundamente durante las tres últimas décadas. La capacidad de iniciativa de los agentes privados, forjada ya en los tiempos del teatro independiente, ha permitido el intenso desarrollo de la oferta escénica, pero sin los recursos aportados por las Administraciones Públicas el crecimiento de la oferta no hubiese sido posible. El sector ha crecido intensamente sin un modelo de desarrollo predefinido y en un marco altamente proteccionista. Lo importante, sin embargo, es que ha habido desarrollo.