27 de desembre de 2010

Las artes escénicas, un lujo imprescindible en tiempos de austeridad.

Gao Xingjian, Premio Nobel de Literatura del año 2000, nacido el 1940 en la ciudad de Ganzhou y exiliado a Francia el 1987, es autor de la frase “La cultura no es un lujo, es una necesidad”. Estando de acuerdo en el fondo, voy a jugar un poco con la forma. Considero que la cultura, y especialmente las artes escénicas como ámbito cultural privilegiado, son un lujo imprescindible en tiempos de austeridad[1].

Las artes escénicas son un lujo (entendido en su acepción de “cosa muy buena y extraordinaria”) porque, según escribió Denis de Rougemont[2], “la cultura es el conjunto de sueños y esfuerzos que tienden a la total realización del hombre”. El potencial vital de las artes escénicas y demás prácticas culturales lo han argumentado muchos especialistas reconocidos y nadie duda de sus beneficios en el desarrollo personal y social. Sin embargo ya hay menos consenso en considerar que las artes escénicas son una necesidad (o un lujo imprescindible) en tiempos de austeridad.
¿Qué argumentos podemos poner sobre la mesa de nuestros gobernantes para convencerles de que pueden recortar muchas partidas menos las dedicadas a la cultura?
Hay, por lo menos, cuatro argumentos objetivos:
a.       Los progresos culturales preceden siempre a los cambios sociales y económicos.
Como bien señaló Darío Fo, “antes incluso de que Europa estuviera unidad en el plano económico... era la cultura lo que unía a todos los países de Europa. Las artes, la literatura, la música son el cimiento de Europa”. Por otro lado, muchos historiadores han resaltado el hecho de que las grandes transformaciones económicas de la historia de la humanidad han ido precedidas siempre por cambios o progresos culturales. Está claro que la cultura es la reflexión permanente sobre los modos de vivir, que permite transformarlos en beneficio personal y colectivo.
  1. La cultura como principal factor de cohesión social.
La cultura es un activo social intangible basado en símbolos que permiten la identidad y la cohesión social. Dijo Yehudi Menuhin[3] que “corresponde al arte estructurar las personalidades de los jóvenes con objeto de abrir sus mentes, inculcar el respeto a los demás y el anhelo de paz”. Para conseguir la cohesión social en un mundo globalizado con intensos fenómenos migratorios es imprescindible el diálogo intercultural, y el arte es un instrumento privilegiado para facilitarlo.
  1. La cultura como motor económico.
Según argumenta la Comunicación presentada al Parlamento Europeo[4] “las industrias culturales y el sector creativo están contribuyendo sustancialmente al PIB, al crecimiento y al empleo europeos”. Según un estudio de referencia, más de 5 millones de personas ya trabajaron para el sector cultural en 2004, lo que equivale a un 3,1% del total de población empleada, con un crecimiento más elevado que el de la economía general entre 1999 y 2003. En España, según informó la ministra de Cultura sobre la Cuenta Satélite de la Cultura en fecha 30 de abril de 2010, el sector cultural alcanzó el 4% del PIB español en el periodo 2000-2007, y dentro del sector cultural las artes escénicas han tenido un peso del 4,7%. En el Congreso internacional sobre “Economía y Cultura” celebrado en Barcelona en el año 2009 hubo unanimidad en considerar a la cultura como uno de los principales motores de la nueva economía.
  1. En épocas de crisis y de desconcierto la cultura nos permite fijar un rumbo
La crisis macroeconómica que vivimos nos ha evidenciado que los economistas han sido incapaces de predecirla y, mucho menos, de proponer soluciones para que los responsables políticos tomen decisiones eficaces y concordantes. Según expresa Joan Manuel Tresserres[5], en tiempos de crisis y de desconcierto, la cultura, como expresión de la reflexión sobre la experiencia vital, es el único instrumento que nos ayuda a elaborar un rumbo que nos permita vivir satisfactoriamente.
El problema está en que los argumentos citados sólo pueden ser comprendidos y valorados por interlocutores inteligentes, y los responsables económicos son especialistas en encajes de bolillos pero, en general, no tienen la sensibilidad necesaria para apreciar la importancia de los argumentos expuestos.
Me imagino a un lector, técnico de cultura de un municipio, yendo a ver a su alcalde, que acaba de recortarle el presupuesto de programación, y comentándole estos argumentos. No se inmutará. Por esto me pregunto si hay argumentos que permitan a los máximos responsables de los gobiernos locales darse cuenta de que en tiempos de austeridad deben preservar la cultura. Soy pesimista al respecto. Os propongo dos argumentos más.
    1. Muchos alcaldes funcionan a partir del mecanismo primario de la imitación. Si sus semejantes, especialmente responsables municipales de referencia en su entorno, han puesto en marcha nuevos equipamientos culturales o han incrementado o mantenido los presupuestos de cultura, se inclinarán por hacer lo mismo. Por lo tanto, sería de gran interés hacer un “inventario de buenas prácticas” de municipios que han mantenido o incrementado los presupuestos de artes escénicas en tiempos de crisis.
    2. Por otro lado, hay estudios que aportan datos sobre el impacto económico directo que tienen las actividades culturales en el municipio. Cito, como referencia, un excelente estudio de la 20 edición de la Fira de Tàrrega[6], en la que participaron 107.491 personas, de las que un 60% hizo estancia en el municipio con una media de 2,5 días y un gasto medio de 31,5 euros por persona y día (sobre el total de participantes), lo que comporta un gasto total inducido por el evento de 3.365.245 euros. Sin contar con los beneficios indirectos, cuyo cálculo es más complejo. Sería interesante recopilar los estudios de impacto elaborados para tener una estimación del potencial impacto económico de las prácticas culturales que nos permita comparar los recursos destinados con los recursos generados y hacer evidente que la cultura es una inversión y no un gasto.
Conclusión: si los argumentos sobre las bondades simbólicas de las artes escénicas no interesan a los responsables de los presupuestos locales hay que utilizar argumentos más primarios como los que he expuesto. Me gustaría saber si a alguien le han dado resultado.



[1] Este artículo se basa en la “Comunicación sobre una Agenda Europea para la Cultura en un Mundo en vías de Globalización” (SEC(2007)570 presentada al Parlamento Europeo el 10.05.20º07, consultable y descargable en: http://europa.eu/legislation_summaries/culture/l29019_es.htm#
[2] Escritor y filósofo suizo nacido el 1906, uno de los pioneros de la idea de instituir un federalismo europeo.
[3] Yehudi Menuhin, violinista y director de orquesta judío de origen norteamericano y nacionalidad británica, nacido el 1916 en Berlín.
[4] Comunicación sobre una Agenda Europea para la Cultura, op. cit,.
[5] Conseller de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
[6] Juárez, R; Clop, M; Badia, C. (2001) Enquesta sobre l’impacte econòmic i anàlisi de públic de la 20a Fira de Teatre Tàrrega. www.firatarrega.es. Universitat de Lleida, edición cuadrilingüe.


Publicado en Artez www.artezblai.com

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