14 de febrer de 2013

¿Cómo podemos recuperar el valor social de las Artes Escénicas?


El día 12 de diciembre, en el acto inaugural de Mercartes, se leyó un Manifiesto de las entidades organizadoras que hace un Llamamiento a las Administraciones Públicas para que, entre otras medidas, desarrollen políticas de comunicación para que los ciudadanos valoren la aportación de las artes escénicas en el desarrollo personal, social y económico.
La recuperación del IVA reducido, la participación en la elaboración de la Ley de Mecenazgo y el mantenimiento de los recursos aportados para garantizar el sostenimiento de la actividad del sector, especialmente en la oferta de programaciones estables, son medidas urgentes. Pero considero que la presencia de las artes escénicas en el sistema educativo y el incremento de valor social de las artes escénicas son las dos medidas más importantes que plantea el Manifiesto. En las líneas que siguen pretendo argumentarlo.
Durante las tres décadas anteriores la oferta de artes escénicas ha crecido en cantidad y diversidad. Podemos estar satisfechos del trabajo realizado entre todos los agentes del sector. Sin embargo, hemos creado oferta perdiendo valor.
Estoy convencido que el sector ha dedicado toda su energía a generar oferta y se ha olvidado de mantener o desarrollar el arraigo social de las prácticas escénicas. Esto se hace evidente cuando, a la hora de establecer prioridades sociales en un contexto de escasez de recursos, las artes escénicas están en la cola. El Gobierno puede desmantelar fácilmente al sector porque sabe que no encontrará resistencia ciudadana. En los planteamientos retóricos y populistas de los gobernantes, los ciudadanos prefieren asegurar las camas de hospitales.
La pérdida de valor se ha producido, en primer lugar, porque hemos desarrollado oferta transformando a los públicos escénicos de cómplices a clientes. Las compañías históricas han perdido la relación directa con sus públicos de origen, ahora la mediatizan los espacios escénicos que ofrecen sus producciones y que, incluso, han externalizado la venta de entradas porque conciben a sus públicos sólo como potenciales compradores de entradas.
Esto me parece lógico en los espacios escénicos de centralidad que buscan una programación de excelencia y la creación de valor de existencia, pero en los espacios escénicos de proximidad, o sea los teatros y auditorios municipales, no tiene sentido una relación cliente-proveedor. La función de estos equipamientos es implicar a los ciudadanos en el mantenimiento y desarrollo de las prácticas escénicas en la cotidianidad de los ciudadanos.

¿Cómo podemos recuperar la complicidad perdida? ¿Cómo podemos recuperar el valor social de las prácticas escénicas?

Considero que para que surja y se desarrolle la complicidad y el compromiso hay que ofrecer un humus que contenga, como mínimo, estos nutrientes:
1.      La existencia de prácticas escénicas amateur para recuperar el arraigo social.
Es importante que en la cotidianidad de los ciudadanos estén presentes las prácticas escénicas para que puedan apreciar su valor en el desarrollo personal y social. Las prácticas escénicas amateur son las que tienen mayor capacidad de penetración social y menor coste. Las Administraciones Locales pueden apoyar las prácticas de formaciones amateur facilitando espacios de ensayo y de exhibición y colaborando en el aprendizaje técnico y creativo de sus participantes. Cuando los agentes profesionales desprecian el valor de las prácticas amateur cometen un gran error: sin ellas no puede haber un desarrollo profesional ni industrial satisfactorio. Son las raíces del sistema escénico.
2.      El fomento de las artes escénicas de calle como interface.
Las actividades escénicas que se desarrollan en los espacios públicos colaboran de forma muy notable a la consecución de su visibilidad social y en la captación de nuevos públicos. No son prácticas ajenas a las programaciones que se producen en el interior de los recintos, son su interface (superficie de contacto) con los ciudadanos. Todas las programaciones escénicas que se realizan en espacios cerrados deberían tener su interface en espacios abiertos para contar a los ciudadanos lo que se les ofrece y poder dialogar con ellos. Sin interface, las programaciones escénicas encerradas en los recintos se van distanciando de las prácticas cotidianas de los ciudadanos.
3.      La presencia de prácticas escénicas en el sistema educativo.
No se trata de escolarizar el teatro sino de dar la oportunidad a los alumnos de participar en prácticas escénicas. Participar como grupos de alumnos en la oferta escénica del entorno y desarrollar prácticas escénicas en el propio centro. Si en el desarrollo personal no hay experiencia escénica, en la creación del sistema de valores y hábitos personales las artes escénicas no tendrán ningún valor. Sólo un 20% de los ciudadanos tienen la oportunidad de participar en experiencias escénicas en su entorno familiar, el 80% restante sólo puede acceder a ellas a través de la escuela. Esta es la gran responsabilidad de las Administraciones Públicas que tienen competencias en el sistema educativo. Además, hay prácticas de excelencia de algunos espacios escénicos y entidades que nos muestran las oportunidades que ofrecen.
4.      La implicación de las formaciones artísticas profesionales en el desarrollo comunitario
Las compañías profesionales deben recuperar la relación directa con los ciudadanos implicándose en el desarrollo de las comunidades locales. Conocemos los efectos positivos de las residencias artísticas. Todos los espacios escénicos de proximidad deberían tener compañías o artistas residentes que interactuaran con la comunidad para obtener inputs que alimenten sus creaciones y para que puedan aportar sus activos al desarrollo de las comunidades territoriales.
5.      La gestión relacional de espectadores para fomentar su compromiso escénico.
En la comercialización de bienes de consumo los modelos transaccionales se muestran eficaces, pero en la gestión de espectadores debemos aplicar modelos relacionales que nos ayudan a establecer relaciones de largo recorrido basadas en la satisfacción y la confianza mutua. Esta forma de relación permite implicar o comprometer a los espectadores en el proyecto escénico y darles la oportunidad de participar en la toma de decisiones. Estos procesos llevan a la creación progresiva de una comunidad de espectadores comprometidos con el desarrollo del proyecto y permiten al programador convertirse en comunity manager ejerciendo funciones de prescriptor, formador y dinamizador.

Publicado en Artez
www.artezblai.com

1 comentari:

  1. Molt interessant. És una tasca de molt temps fer de les arts en general una cosa quotidiana i present en tots els àmbits. Espero que ho arribem a aconseguir.

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