Cuando el Ministro de Hacienda presentó la propuesta de incremento de IVA argumentó
que era una medida necesaria para
compensar la pérdida de recaudación causada por los que no pagan sus impuestos.
Los ciudadanos que declaran sus ingresos, una vez más, cornudos, apaleados y
casi invitados a pasarse a la economía B.
El incremento de 13 puntos en el IVA cultural provocó, una vez superado un
primer estadio de sorpresa e indignación, la emergencia de varias iniciativas que
aplicaron la creatividad escénica en la búsqueda de maneras de burlar la norma
fiscal. Todos nos reímos cuando los de Bescanó decidieron vender zanahorias en
lugar de entradas para protestar por el incremento del IVA cultural, e incluso
nos preguntamos si podía ser un camino válido para todos los teatros. Otros, a
través del microteatro social, buscan la manera de generar ingresos
complementarios fuera de la visibilidad de los sistemas de ticketing.
